BIENVENID@S A "YO EXPRESO"

BIENVENID@S.
Tengo una de las profesionales más hermosas del mundo: PSICOLOGÍA, y me tomé el atrevimiento de escribir este blog, el cual se denomina "YO EXPRESO", para generar un espacio de compartir temas cotidianos, nuevos o que simplemente necesitamos más información.
Este blog comtempla artículos de opinión y revisión bibliográfica que abordan temas clínicos, educativos y organizacionales.

Creo firmemente en la Psicología como la ciencia que nos ayuda no sólo a llevar vidas con menos malestar, sino también como la herramienta que nos permite vivir con mayor optimismo, gratitud, crecimiento personal y en definitiva, con mayor bienestar.

Adelante! Espero sus comentarios, porque no hay mejor que EXPRESARSE para saber de ti.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LOS AUTOENGAÑOS DE LA MENTE.


A lo largo de la vida estamos expuestos a diversas situaciones agradables o desagradables, que tomarán significado según como nuestra atención la perciba.

La atención nos permite recolectar la información necesaria para la existencia, ya que define el objeto de nuestra percepción. Toda información que está ajena de nuestra conciencia, se convierten en lagunas mentales (derivado del vocablo latino “lacuna” que significa hueco o intervalo) y por ende generan “puntos ciegos”, agujeros negros, distorsiones de la realidad, autoengaños de la mente, que desvían nuestra atención al hecho real o es una forma sencilla de desconectarnos de la percepción del dolor. Una laguna pues es un mecanismo de defensa que crea un hueco defensivo en nuestra conciencia y genera un punto ciego. En palabras más sencillas, el autoengaño o punto ciego son formas de falsear la realidad para evitar el dolor.

¿Pero cómo nuestra atención filtra y selecciona cada momento de la información? ¿Cómo opera en nuestro cerebro?
La estructura del cerebro proporciona un modelo para comprender los mecanismos neuronales que determinan la respuesta a los diferentes tipos de dolor, desde la tensión psicológica hasta la ansiedad social. El córtex, la adquisición más reciente del cerebro humano, una de sus funciones más importantes consiste en seleccionar y filtrar el abrumador exceso de información que se da a través de los sentidos. El cerebro dispone de la capacidad de matizar nuestra percepción del dolor y una de las formas es utilizando como mecanismo neurológico a los opioides (receptores cerebrales que reducen el dolor), un opioide conocido es el neurotransmisor “endorfina”, que provoca bienestar y una respuesta analgésica. 


La tensión psicológica puede desencadenar la misma respuesta cerebral que el dolor físico. En el entorno natural, el dolor está ligado al estrés, cuya esencia es la amenaza. Hans Selye, creó la “respuesta de estrés” y “síndrome de adaptación general” que son modificaciones neurofisiológicas que experimenta el cuerpo en respuesta a una lesión, una amenaza de dolor o las meras vicisitudes de la vida. La respuesta de estrés es una reacción universal del cuerpo ante cualquier clase de amenaza y peligro. Cuando una persona percibe una posible situación estresante, el cerebro ordena al hipotálamo la liberación de una sustancia denominada CRF («factor de liberación cortical»), que llega hasta la pituitaria y provoca la secreción de ACTH (hormona adrenocorticotrópica) y de opioides (particularmente endorfinas).

Cualquier dolor físico o mental, el cerebro está preparado con un sistema para modularlo. El cerebro, pues está diseñado de tal modo que el alivio del dolor dependa de su misma percepción.

¿Cómo interactúa el dolor y la atención?
La interacción entre el dolor y la atención, da lugar a la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), que muestra un efecto opuesto al de las endorfinas y que ambas son liberadas ante una respuesta de estrés (ambas actúan bajo un mismo equipo neuroquímico). Así las endorfinas mitigan el dolor, facilitando la negación de la situación dolorosa; mientras que el ACTH tiene un efecto contrario ya que éste mejora la atención y bloquean las acciones de las endorfinas o mejor dicho funciona como un modulador de las acciones de éstas. El ACTH actúa durante los primeros 30 segundos en una situación de alarma y las endorfinas se manifiestan al cabo de 2 minutos.  En la primera nos advierte y alarma del peligro, en la otra posibilita la sensación dolorosa. Una prueba más de la complejidad del funcionamiento de nuestro cerebro.

Ahora les planteo un ejemplo: Supongamos que usted saliendo del trabajo tiene un fuerte dolor de estómago. Y llega a su casa y ve que se está incendiando. ¿Cuál es su reacción? ¿Será concentrarse en el dolor de estómago? No ¿verdad? Lo que usted probablemente haga es tratar de apagar el incendio de inmediato. Este es un ejemplo concreto, donde usted elige si ir a apagar el incendio o quedarse mirando impotente el hecho. Pero el sufrimiento psicológico es algo mucho más complejo… los problemas económicos, duelos o tener un hijo drogadicto, etc., la huida o escape serían las peores soluciones psicológicas, los cuales generarían consecuencias graves.
Dentro de las consecuencias experimentará los bloqueos mentales y comportamentales, que están asociados a la ansiedad.  La ansiedad es la activación desproporcionada con respecto a la tarea que debo ejecutar, es el monto extra de energía que utilizo y por ende no se da una respuesta adecuada. De esta forma la atención queda atrapada impidiendo que la conciencia se fije en otras cosas. Según el psiquiatra Mardi Horowitz, existen ideas, pensamientos y sensaciones dolorosas incontrolables que resultan difíciles de disipar y poner ver claramente el evento estresante, al cual lo denominó “intrusión” que está estrechamente ligado a la ansiedad. Aquí algunas formas:
  • Arrebatos de emoción como sensaciones espontáneas y súbitas, reacciones de sobresalto, quedarse “en blanco”.
  • Preocupaciones y pensamiento obsesivos como ideas intrusivas y persistentes.
  • Hipervigilancia. Estado de alerta y búsqueda desproporcionada que genera una tensa expectativa.
  • Trastornos del sueño como insomnios, pesadillas, etc.

Richard Lazarus, señala que el estrés aparece cuando las demandas del entorno desbordan y no se trata que la situación sea abrumadora, sino es la interpretación que le damos (valoración cognitiva de los acontecimientos). Por ejemplo, el despido del trabajo puede ser visto como un problema o como una oportunidad para demostrar mis talentos y capacidades. Osea, la amenaza de un problema es netamente subjetiva, ya que lo que importa no es el suceso sino el significado que le confieren y éstas pueden desencadenar una serie de respuestas emocionales, desde el enfado hasta la depresión.
Después de experimentar un evento estresante, que se traducen en negaciones del evento, algunas reacciones propias del autoengaño, según el psiquiatra Mardi Horowitz, son: 

  • Evitar las asociaciones (impedir toda asociación que tenga que ver con el evento en cuestión).
  • Insensibilidad (la sensación de no tener sentimientos).
  • Disminución de la atención (imprecisión o imposibilidad de centrarse en la información relevante).
  • Ofuscamiento (entorpece el estado de alerta).
  • Pensamiento constrictivo (menor flexibilidad mental)
  • Memoria imprecisa (incapacidad de recordar hechos o sus pormenores).
  • Rechazo (afirmar o rechazar que los significados evidentes no son tales).
  • Bloqueo mediante la fantasía (evitar la realidad acerca de lo que podría haber sido o lo que sería en el futuro). 

¿De qué manera la información queda registrada en la mente?

La etapa del proceso de información, después de la percepción, pasa por un sistema de memoria, transforma las sensaciones en recuerdos al mismo tiempo que las registra y las transmite.  La impresión inmediata y efímera se denomina memoria sensorial (ejemplo, haber visto una película y tener registrado cada escena). Para que un recuerdo pueda aflorar a la conciencia debe pasar desde el sistema de la memoria hasta el dominio que él denominaba inconsciente. Pero el material precedente del inconsciente debe atravesar antes por una región a la que se llamó pre-consciente (olvidos) y ésta constituye la apertura a la conciencia.
La información procedente del inconsciente, no llega en forma gratuita, sino que debe atravesar cierta evaluación antes de llegar a la conciencia. Según el psicoanalista Sigmund Freud existen dos tipos de censuras/evaluaciones: la primera impide que los recuerdos inaceptables penetren en el preconsciente (la información amenazadora puede llegar al preconsciente y luego a la conciencia), mientras que en la segunda ubicada entre el preconsciente y consciente actúa como válvula de seguridad (eliminando los hechos que no pueden afrontarse fácilmente a través de los olvidos).



Posteriormente la memoria a corto plazo, pasa un filtro selectivo (función de embudo), quedando tan solo lo que requiere una atención más minuciosa. Por ejemplo, recordar tu número de celular.
El filtro está dotado de inteligencia y se adapta a la importancia que revise el mensaje de la persona.
Por otro lado, la memoria a largo plazo es el repertorio de la experiencia en función de los significados y las comprensiones acumuladas y nos brinda el juicio de que algo es irrelevante o útil, por ejemplo, recordar cómo iba vestida tu madre en tu fiesta de promoción.

Todo lo que llega a la conciencia llega preseleccionado, codificado y empaquetados, en un proceso que solo perdura una fracción de segundo. Si la cantidad de información es desproporcionada, la conciencia termina bloqueándose y ocurre la ansiedad. Los recursos de la distorsión se hallan completamente fuera de la conciencia.

La experiencia de cada momento es única e irrepetible. Los paquetes de datos organizados que dan sentido a nuestras experiencias son los esquemas, que son los ladrillos que construyen el edifico de la cognición. Los esquemas son las reglas y categorías que dan un orden y sentido coherente a la experiencia bruta. En la medida que aprendemos nuestros esquemas van transformándose. Los esquemas también pueden ser revisados, en cuyo caso nuestro conocimiento aumenta. La activación de un esquema estimula también otros esquemas relacionados con él y configura el contenido de la memoria a largo plazo de una persona. En otras palabras, los esquemas son el armazón que sustenta la interpretación de los acontecimientos, seleccionan qué percibir y qué ignorar. Cuando las emociones activan los esquemas, les confieren un poder especial. Las emociones y pensamiento forman parte del mismo proceso. El pensamiento despierta emociones y éstos a su vez orientan a los pensamientos.
Cuanto más ansiosa es una persona, mayor será el número de esquemas asociados a una sensación de amenaza, peligro o rechazo. Y cuantos más esquemas de temor se activen, mayor tendencia habrá que recurrir a maniobras evasivas para tratar de mitigar la ansiedad. Entre algunas formas mencionaremos más adelante a los mecanismos de defensa, descritas por el psicoanalista Sigmund Freud.

¿Cómo se construye el “yo”?

La “construcción del yo” es un proceso muy lento que se inicia en la infancia y es muy probable que constituya el conjunto más esencial de esquemas de que dispone nuestra mente. Sus orígenes se remontan a las diferentes tempranas interacciones que sostuvimos con nuestros padres y siguieron su curso con personas y acontecimientos significativos de la vida. Los padres poco afectuosos, los hermanos rivales y los compañeros hostiles pueden contribuir a disminuir la autoestima, mientras que las experiencias positivas con esas mismas personas pueden incrementarla.  Un esquema sano del yo, permite reducir la ansiedad provocado por cualquier amenaza a la imagen de uno mismo recurriendo a ciertas estrategias mentales. Los diferentes estadios vitales van sedimentando en nosotros una serie de yos superpuestos que pueden ser coherentes entre sí. La ternura refuerza al “yo bueno”, el sujeto se siente bueno y amado. Según Sullivan el “tópico fundamental acerca del yo” depende de la forma en que se desarrolla el “yo bueno”, el que nos gusta creer que somos. El “yo malo” este ligado a las experiencias de diferentes grados de desaprobación, ansiedad, culpabilidad y vergüenza de ser desobediente. El “no yo” tiene que ver con “emociones misteriosas”, sentimientos de terror y pánico tan intensos que desarticulan toda posibilidad de comprender siquiera lo que está ocurriendo. Una vez que una emoción intensa se apodera de la mente, expulsa fuera de la conciencia la causa que la originó. Sulllivan afirma que los sucesos que dan forma al “no yo” son el fruto de una ansiedad tan intensa y tan repentina que resulta imposible estar seguro ante las circunstancias que se apoderan de la experiencia.
El sistema del yo se organiza para evitar o reducir la ansiedad real o imaginativa que suelen acompañar las experiencias imprevistas desagradables.

¿Qué otras formas existen de auto engañarnos?

Utilizar los mecanismos de defensa son esencialmente formas en que desviamos nuestra atención para eludir el dolor, auto engañarnos y los cuales recurrimos cotidianamente. Estos sesgos perceptuales pueden tener lugar desde el primer milisegundo en que el estímulo impacta nuestros sentidos hasta la rememoración de un recuerdo muy remoto.
Detallaremos algunos mecanismos de defensa:

La represión consiste en rechazar y mantener alejados de lo consciente a determinados elementos, con el fin de evitar el sufrimiento psicológico (traumas, ideas intolerables, sentimientos insoportables, ansiedad, culpa, vergüenza). La represión es la laguna mental por excelencia. Es como un trueque en que entregamos parte de nuestra atención a cambio de un alivio de la ansiedad…enmudeciendo nuestras emociones.
La consecuencia inevitable de la represión es la repetición, porque las experiencias dolorosas que no terminamos de afrontar tienden a repetirse. Pero no nos damos cuenta de que estamos repitiendo porque las lagunas nos impiden tomar conciencia de ello. Así pues, comenzamos olvidándonos de que hemos hecho algo y luego no nos percatamos de que estamos volviéndolo a hacer. El simple olvido no es más que una de las múltiples estrategias de distorsión de las que se sirve la mente.

Otro mecanismo es la “negación”, el cual consiste en el rechazo de aceptar las cosas tal como son, reorganiza de manera diferente la realidad para ocultar nuestra auténtica intención. Un ejemplo común es cuando te han dado el resultado de una terrible enfermedad o ante el fallecimiento de un ser querido.

Por otro lado, el mecanismo de defensa “formación reactiva o inversión”, aquí el hecho no solo es negado, sino que termina transformándose en su opuesto (un te odio se convierte en un te amo), es una forma de legalizar los impulsos inaceptables. Por ejemplo, el impulso hacia el desorden se convierte en una pulcritud desmesurada o el enojo se convierte en una excesiva cortesía.

La “proyección”, “lo interno se vierte al exterior”. Cuando nuestros sentimientos resultan demasiado difíciles de manejar, nuestra mente puede tratar de despojarse de ellos. Y una de las estrategias para lograrlo consiste en creer que no nos pertenecen. Esos sentimientos han sido proyectados en otra persona, la parte del yo enajenada se nos presenta como algo completamente externo, aunque sin embargo siempre mantiene una extraña semejanza con el sentimiento original alienado. Por ejemplo: tenemos un pensamiento crítico de los demás, y solemos pensar que son los otros los que nos miran juzgando.

La “racionalización” es una de las estrategias defensivas más frecuentes, permite la negación de nuestros verdaderos motivos ocultando los impulsos inaceptables bajo el barniz de la razón. Es una especial destreza para elaborar justificaciones y encontrar excusas convincentes. Por ejemplo, lo que ocurre con la mujer maltratada, justifica el comportamiento de maltrato de su marido con frases como “estuvo enojado” u otorgándose culpa por lo que hizo.

Desplazamiento, el impulso se dirige hacia cualquier otro objeto (aceptable o no). Ejemplo, haber recibido una llamada de atención en el trabajo, desplazo mi cólera riñendo a mis hijos de forma exagerada.

En conclusión, a mayor grado de angustia y sufrimiento se desencadenarán tres premisas: La mente puede protegerse de la ansiedad disminuyendo la conciencia, este mecanismo origina un punto ciego, una zona en que somos proclives a bloquear nuestra atención y auto engañarnos y esos puntos ciegos tienen lugar en cada uno de los niveles de organización de la conducta, desde el psicológico hasta el social.

Pues para enfrentar la ansiedad, en palabras de Lifton, comparto la idea del “coping”, el cual el ser humano tendría que utilizar estrategias internas disponibles para hacer frente a las situaciones minimizando el coste psicológico, en otras palabras, una serie de operaciones cognitivas capaces de aliviar la activación de la ansiedad, modificando nuestra reacción en vez de tratar de cambiar el evento estresante.

He aquí, la difícil labor del psicólogo, que el cliente se de cuenta de las diferentes formas de auto engañarse, genere ese “despertar”, ya que resulta difícil cambiar lo que ni siquiera puede ver.  
¿Y tú, cómo te autoengañas?

Referencias bibliográficas:
Goleman, D. (1997). El Punto Ciego (pp. 41 -179). España: A&M Gráfic.




No hay comentarios:

Publicar un comentario